Expedición 2012- 2019: Eva Sanchez

 

Hace algo más de 7 años me embarcaba en un viaje que me llevaría a lo desconocido. Partía con una mochila llena de ilusiones, piedras viejas y pesadas, dudas y preguntas,… entre otras pequeñas y grandes cosas.

Empecé a caminar desconociendo el destino al cual me dirigía, creyendo que simplemente se trataba de un paseo por los alrededores ya conocidos. Pero al apenas dar unos pasos, me di cuenta que aquello sería una gran aventura, aunque no era realmente consciente de cuánto aquello cambiaría mi vida y mi mirada sobre ella. Solo sabía que a cada paso me sentía más y más convencida de que aquel era mi camino, un camino que me acercaba a aquello tan anhelado llamado casa.

Fue un largo trayecto con infinidad de experiencias, colores, texturas y sentires. Difícil de plasmar en palabras lo vivido, por una parte por la belleza del aprendizaje y los regalos cosechados en el recorrido, pero a la vez también, por la extrema dureza en ciertos momentos, llegando a cuestionarme si continuar el camino hasta el final. Pero en el fondo siempre supe que nunca iba a abandonar, algo muy profundo en mi interior tenía la certeza de llegar hasta el final y no soltar el sueño de coronar aquella cumbre.

El viaje exigió una profunda implicación en los diversos aspectos de la vida, desde lo material y económico, hasta la implicación de las mismísimas entrañas. Las lágrimas a momentos inundaban mi existencia dificultando el avanzar, pero en otros, el sol brillaba para secar todo aquel dolor y dificultad vivida, tornando el paisaje tormentoso en vivos colores primaverales de frondosa naturaleza.

Pero no obstante las grandes cimas escaladas y los temporales vividos, si algo puedo decir a día de hoy, es que estoy plenamente agradecida de haber recorrido esta aventura. Una aventura de espejos, entrañas, de conciencia y despertares, de luchas internas y externas, de caer para volver a levantar, de soledad y de comunidad, de salud y de muchos síntomas gritando frenéticos para ser escuchados y cobrar sentido. Un viaje que me ha mostrado la polaridad innata y necesaria de la vida, que me ha enseñado a acoger lo diverso tanto interno como externo, que me muestra que no hay otro tan lejano a mi y que necesitamos escucharnos profundamente para transformar el entorno en el que vivimos.

 

Un viaje en el que he aprendido …

… que la lucha es una opción, pero no es la única y necesaria para todo.

… que escuchar la naturaleza y su flujo es imprescindible para sobrevivir.

… que hay salud en la enfermedad y viceversa.

… que hay más miradas que la que una se aferra a tener.

… que el conflicto y el dolor son inherentes a la vida pero a la vez que importantes como motor de transformación.

Que…que…que…que caminando aprendo y no por correr puedo avanzar o ganar a la naturaleza.

 

En el último tramo, como supongo que sucede cuando estas a punto de coronar la cumbre, la climatología y la dificultad pueden no acompañar. Este fue un tramo duro, donde a momentos sentí dejarme la vida, y para ello fue necesario reconectar a cada paso con el sentido de lo que estaba haciendo, para tomar las fuerzas para seguir avanzando. Y si, llegué a la cumbre y lo bello fue cuando al abrir los ojos y ver el paisaje, me di cuenta que no estaba caminando sola, sino que tenía un equipo detrás apoyando mis pasos para lograr el sueño.

Agradezco a cada una de las personas que formaron parte de este equipo de apoyo en las diferentes etapas de este largo trayecto, ayudándome a creer en la posibilidad de alcanzar mis sueños y alimentar la semilla del seguir aprendiendo.

 

“Diciembre de 2019, Eva Sanchez Diaz”